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Imaginemos que una
persona que entró en estado de coma en 1980 despierta hoy. Quien tenga la
responsabilidad de introducirlo de vuelta a la normalidad tendría que explicarle
de la manera más didáctica posible qué es una computadora personal, por ejemplo,
por qué la gente habla en la calle a un aparatito que se parece al que usaba el
Capitán Kirk para comunicarse en el Enterprise de Star Trek, cómo es que las
empanadas se calientan en el microondas, y qué significa el garabato @, entre
otros cientos de cosas.
Cuando este
ciudadano reingrese al mundo laboral, también habrá que explicarle algunas cosas
adicionales. Entre ellas, sin duda, está la de Gestión del Desempeño.
Nuestro amigo
tenderá a pensar que se trata de lo que antiguamente se denominaba Evaluación
del Desempeño. Pero rápidamente habría que decirle que estos dos conceptos,
tienen algo que ver, pero son muy diferentes.
La Gestión del Desempeño es una herramienta de gestión organizacional que se
popularizó en el mundo corporativo recién por la mitad de la década del 90 del
siglo pasado. La Evaluación del Desempeño era básicamente un formulario que
completaba el jefe para decirle al empleado como éste había trabajado en el año.
La Gestión del Desempeño, en cambio, no es un formulario, sino que es un proceso
que permite orientar, seguir, revisar y mejorar la gestión de las personas para
que estas logren mejor los resultados y se desarrollen continuamente.
Para gestionar el desempeño se deben definir previamente dos conjuntos de
elementos. El primero tiene que ver con EL QUÉ LOGRAR. En otras palabras, los
objetivos que se persiguen. El segundo de los conjuntos se refiere al CÓMO
LOGRARLO, o cuáles son las competencias requeridas.
En el siglo XXI las descripciones de puesto (que probablemente conocía este
señor que hizo un “per saltum” por las décadas pasadas) siguen existiendo, pero
para otros fines. Hoy cada persona que trabaja tiene -o debe tener- objetivos
claros y definidos que cumplir o el QUE LOGRAR. Éstos permiten priorizar las
responsabilidades, alinear la labor con los fines superiores, dar sentido de
logro y en algún momento brindan un marco objetivo para saber si se logró o no
aquello que esperaba lograrse.
También para gestionar el desempeño las organizaciones definen de la manera más
clara posible el CÓMO LOGRARLO o cuáles son las competencias exigibles. Las
competencias son el conjunto de conocimientos, habilidades, actitudes y valores
que una persona debe cumplir en un puesto determinado. En la medida que se
definan claramente, más tranquilidad tendrá el empleado para saber si lo que
está haciendo es lo que se espera o no.
Finalmente, en esta definición de qué es la Gestión del Desempeño habría que
agregar la idea de Proceso. En otras palabras, de que se trata de un ciclo que
comienza con la etapa de planeamiento en donde el jefe orienta al empleado,
sigue con la etapa de revisión continua durante todo el año en la cuál el jefe
le brinda feedback y coaching al colaborador y por último la etapa de revisión
final en la que en una entrevista profunda jefe y empleado dialogan sobre cómo
ha sido el desempeño de este último durante el año y de qué manera se puede
mejorar para el siguiente. También podría agregarse que de las conclusiones que
surgen de esta muy importante entrevista el área de Recursos Humanos de la
empresa capitalizará información que será de gran valor para la administración
de programas de capacitación y desarrollo, incentivos y remuneración variable,
etc.
Hasta aquí la
descripción del Proceso de Gestión del Desempeño se parece a una presentación
idílica de una herramienta útil que contribuye al logro de los objetivos
organizacionales tanto como individuales. Y aunque así debiera ser, para ser
honestos con nuestro amigo que se pudo haber escapado del guión de la película
“Despertares” o de una publicidad de una conocida empresa de telecomunicaciones,
le deberíamos decir que entre lo que se espera de esta herramienta y lo que
realmente se obtiene en la actualidad es muy diferente. Lamentablemente para
peor.
Todas las
encuestas que se realizan indican que en muchas compañías los Procesos de
Gestión del Desempeño suelen estar pobremente valorados por los empleados de las
mismas. Y no es un problema de desarrollo organizativo. Existen empresas muy
buenas en su gestión pero que no logran hacer funcionar razonablemente esta
herramienta. Por el contrario otras que no se caracterizan por ser las mejores
en su industria sorprenden con aplicaciones más que satisfactorias.
El problema no es
técnico, por ejemplo si el sistema tiene más o menos competencias, si los
objetivos son largos o cortos, si tienen un modelo balanceado o no. Tampoco
parece haber correlación con la tecnología electrónica. Si bien un sistema
informático ayuda y ahorra tiempo no necesariamente hace que un Proceso de
Gestión funcione como debe hacerlo.
Entonces qué le
decimos a este señor que debe estar realmente aturdido con las nuevas
tecnologías acerca de por qué esta fabulosa herramienta denominada Proceso de
Gestión del Desempeño no logra todo lo bueno que se espera de ella. Sin duda le
diremos que si bien hoy es posible guardar 15.000 canciones en un aparato del
tamaño de un encendedor o saber en que punto del planeta estamos parados
consultando un satélite, los jefes -aunque han mejorado- tienen muchas de las
virtudes y defectos que poseían decenas de años atrás.
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Falta de liderazgo
La causa
principal del fracaso para muchos de estos procesos es la falta de un
liderazgo adecuado. El Proceso de Gestión del Desempeño requiere de los
jefes habilidades como el diálogo, la indagación, el feedback o el
coaching. Pero además, que crean y valoren el consenso, el trabajo en
equipo, las responsabilidades compartidas o el espíritu democrático. |
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Nuestro desafío en este siglo consiste en hacer que funcionen y aporten valor
los Procesos de Gestión del Desempeño, pero para eso debemos hacer tres acciones
de manera seria y sistemática:
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Primero,
capacitar intensamente a todas aquellas personas que conducen personal para
que asuman un nuevo rol de liderazgo, muy diferente al que se requería
apenas tiempo atrás. Esto exige inversión (en dinero y horas), pero por
sobre todo en diseño. No se pueden esperar resultados diferentes utilizando
los métodos de antaño. Hoy la capacitación debe ser entretenida a la vez que
desafiante. Métodos como el edutainment (combinación entre educación y
entretenimiento), experiencias como el outdoor o juegos de empresas on-line
que estimulen la diversión y la competencia, parecen respuestas más
adecuadas.
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Segundo,
utilizar tecnologías que permitan el feedback cruzado de jefes, pares,
clientes, proveedores y colaboradores denominadas Feedback 360º. Esto
permite que una persona puede realmente conocer como se interrelaciona con
otros a través de diferentes perspectivas.
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Y por último,
confiar en coach ejecutivos que sumen experiencia real y formación en
disciplinas vinculadas con la conducta humana y organizacional.
Espero que a nadie
le ocurra, pero que pasaría si alguien entre en estado de coma hoy y se
despierta dentro de 25 años. Sin duda el 2030 lo sorprenderá con avances
tecnológicos increíbles, algunos que ni remotamente podremos imaginar, pero qué
le diremos sobre cómo actúan, cómo se gestiona el desempeño y especialmente
sobre cómo son los líderes.
Todo depende de
nosotros, de lo que hagamos ahora.
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