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Asegurar que alguien sea feliz e
Asegurar que alguien sea feliz
en su trabajo no es, y valga todas las redundancias, un trabajo fácil. Las
dificultades provienen tanto del estigma histórico que porta el concepto de
“trabajo” como una maldición, como de ciertos supuestos del management que
relacionan presión con resultados. El estigma se evidencia con la frase “si
ganase la lotería lo primero que hago es dejar de trabajar” y alguno de los
supuestos pueden ejemplificarse con un manual de políticas de personal que tenía
un banco en el que se decía “está expresamente prohibido reírse dentro del
horario de trabajo”.
Hoy no dudamos que la
satisfacción laboral es una demanda que debe ser atendida. Los beneficios se
pueden encontrar tanto en el plano individual como organizacional. Pero ¿Cómo
lograr esa tan ansiada satisfacción laboral?
Está claro que ciertas
condiciones ambientales ayudan, por ejemplo: Las compensaciones, los beneficios,
el horario... También ciertos instrumentos como las políticas de Recursos
Humanos, etc. Pero más allá de lo obvio ¿Qué se puede hacer más profundamente
para que todos nos sintamos felices cuando trabajamos?
Primero, asegurarse que los
jefes (cualquiera sea su denominación) contribuyan a ese objetivo. El
50% de las razones por las que una persona renuncia a una empresa (seguramente
en la que no se sentía feliz) están vinculadas con la relación que tenía con el
jefe. Lo mismo vale para el lado positivo: el 50% de la felicidad laboral tiene
que ver con el jefe. Desarrollar líderes generosos, comprensivos, educadores,
claros, sinceros y apasionados es una clave insoslayable.
Segundo, asegurar que el
trabajo permita el proceso continuo de aprendizaje. No existen trabajos
rutinarios o no rutinarios, aburridos o no aburridos. Si existen trabajos en los
que se aprende y también en lo que no se aprende. Un buen trabajo es aquel
donde se dificulta distinguir si se está aprendiendo o trabajando. En
realidad siempre se debería estar haciendo las dos cosas al mismo tiempo.
Tercero, asegurar que cada
persona tiene la autonomía que merece por su capacidad o experiencia. Cada
persona se va a sentir mejor si lo respetan y consideran que es capaz de hacer
las cosas que le proponen hacer.
Finalmente el cuarto y más
poderoso elemento tiene que ver con el orgullo. Uno se da cuenta de que está
en el lugar correcto cuando se siente orgulloso de él, cuando trabaja en una
organización que produce un producto o servicio que es valorado y apreciado por
sus clientes, cuando el trabajo que uno está haciendo es el mejor trabajo que
uno sabe hacer, y además cada vez le sale mejor.
El orgullo es
un sentimiento, una emoción que se relaciona mucho con nuestra felicidad. Y uno
siente felicidad cuando ha sentido orgullo por lo que ha hecho, por lo que está
haciendo y cuando es capaz de proyectar ese orgullo en el futuro, imaginando
todo lo va a seguir haciendo en ese trabajo en el que se siente feliz.
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