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Pilar Jericó, economista
consultora en gestión del talento, es consultora y socia directora de Walker y
Newman, y autora de una tesis sobre talento empresarial. Ahora estudio el miedo
de los directivos en NoMiedo (Alienta). El miedo a equivocarse y perder el cargo
de nuestros ejecutivos paraliza la innovación en nuestras empresas. El fracaso
forma parte del éxito.
El 40 por ciento de las
empresas que en 1980 eran las mayores del mundo hoy ya no existen: no supieron
adaptarse a los cambios, porque hicieron del miedo su herramienta de gestión del
personal.
- Que nadie se les
desmandara.
Nadie se les desmandó, pero
el miedo hizo que nadie asumiera el riesgo de innovar y esa carencia impidió su
adaptación a los cambios del mercado. Esas empresas desaparecieron o fueron
absorbidas por otras más innovadoras que contaban con empleados y directivos
menos miedosos.
- ¿Tan decisivo le
parece el miedo?
La razón es biológica: antes
de tomar una decisión, la información pasa por la amígdala, donde sentimos las
emociones primarias, por ejemplo el miedo, y sólo después por el neocórtex,
donde razonamos.
- Acongojado es
imposible razonar.
El miedo condiciona el
razonamiento, pero sobre todo paraliza la creatividad y congela la innovación:
es inmovilista. Si una empresa, organismo vivo con millones de conexiones, se
paraliza por miedo, no se adapta a los cambios del mercado y es devorada por
otras empresas innovadoras.
- ¿Hay muchas empresas
miedosas?
He dedicado una tesis a
estudiarlo: creemos que en un 51 por ciento de las empresas españolas los miedos
al cambio, al error, al fracaso y a perder el cargo, entre otros, condicionan
todo el proceso de toma de decisiones y acaban impidiendo que evolucionen.
- ¿Miedo a qué? ¿De
qué? ¿Por qué?
Si usted contesta a esas
preguntas con sinceridad y valentía, el miedo desaparece. Cualquier angustia o
temor se desvanece cuando logras concretarlo.
-
¿Sugiere algún método para lograrlo?
Haz de tu miedo algo
concreto. El miedo se apodera de ti cuando eres incapaz de disociarlo de tu yo.
Poner distancia entre tú y tu temor es el método. Cualquier medio, técnica o
hábito que le ayude a poner esa distancia entre usted y su miedo le
tranquilizará.
Por ejemplo: Yo propongo que
entrene su sentido del humor y la sencillez que lo hace posible para poder
reírse de sí mismo y lo mal que lo pasa cuando tiene miedo.
- Mientras tanto,
pasas un mal rato.
Mientras, el miedo degenera
el sistema de relaciones en la empresa. Miedo y poder han sido demasiado tiempo
inseparables.
- ¿Qué miedo sirve al
jefe mediocre?
Existe un miedo equilibrante
que no es sino reverso de la temeridad, pero el poder incompetente manipula ese
sano temor al riesgo inútil que nos salva de la insensatez para convertirlo en
lógica de su poder tóxica y paralizante.
Los jefes mediocres
potencian el miedo al error, el pánico a equivocarse que aniquila la creatividad
y la innovación.
- No
sea que lo hagas mejor que ellos.
El miedo al cambio esconde
falta de confianza en uno mismo, y si se impone en la empresa, ésta se convierte
en inmovilista.
- Pero,
mientras, el jefe conserva la silla.
Ése es el segundo gran
pánico empresarial: que te quiten el carguito por haber arriesgado demasiado. Es
un temor peligroso, porque, en la economía de hoy, lo suicida de verdad es
quedarse quieto. Sin embargo, las empresas priman la rutina sobre la innovación.
- Los
inmovilistas conservan el cargo, pero hunden la empresa.
Si alguna vez tiene usted
miedo a perder su puesto, es que no confía en sus propias capacidades. Recuerde
todo lo que explicó Erich Fromm en El miedo a la libertad.
Si basas tu seguridad en lo
que tienes, tendrás siempre más miedo que si la obtienes de lo que eres.
- Lo
que eres no te lo quita nadie.
Por eso no debes
concentrarte en tener lo mejor, sino invertir en ser mejor y nadie te podrá
arrebatar a ti mismo. De ese modo, creerás en ti mismo y cualquier cambio será
una oportunidad para ti. Cuando seas capaz de levantarte cada día esperando la
oportunidad del cambio, tus temores desaparecerán.
- El
error forma parte del éxito.
El error inspira la
innovación: el error no debe penalizarse, sino analizarse, no tiene culpables
sino responsables dispuestos a aprender de él.
- Quien
no se equivoca nunca es que tampoco trabaja nunca.
Por eso la empresa que
comprende la necesidad de equivocarse logrará antes grandes aciertos que la que
no se equivoca nunca.
Cuando se detecta un error,
lo menos importante es el culpable. Lo fundamental es subsanarlo y descubrir qué
nos enseña. Debes asumirlo, analizarlo y emplear su mensaje para mejorar. Un
error bien estudiado lleva más lejos que un éxito fortuito.
- Es
más fácil echarle la culpa al equipo de subordinados.
Ése es el hábito de los
jefes miedosos.
- ¿Qué
hacer si te toca uno?
Puentéalo sin escrúpulos.
-
¿Saltarte el conducto reglamentario?
Tú no eres un empleado de tu
jefe, sino de la empresa. Tú sirves a tu sociedad a través de tu empresa, no a
un jefe que se sirva de la empresa para abusar de su poder. En muchas empresas,
como Hewlett-Packard, si las decisiones que toma tu jefe no te parecen adecuadas
para el conjunto de la firma, te animan a que lo puentees tranquilamente y
recurras sus decisiones ante un superior.
- ¿Y si
tu jefe eres tú mismo?
Lo más difícil entonces es
asumir que el único responsable del error eres tú mismo.
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