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No es el más fuerte de la
especie el que sobrevive, ni el más
inteligente, sino aquel que mejor responde al cambio.
– Charles Darwin -
Pensamos que las situaciones
de cambio representan para todos nosotros un alerta que determina la aparición
de mecanismos de defensa primarios, los cuales inconscientemente nos preservan
de los efectos que dichos cambios podrían generar.
A nivel interpersonal este mecanismo se manifiesta a través de conductas que
podríamos calificar como “resistenciales”, tales como la inhibición e incluso la
parálisis (“no sé qué me pasa pero no puedo hacer nada, no se me ocurre nada”),
el despliegue de fantasías apocalípticas sobre el futuro (“lo que se viene
seguro es peor, me voy a quedar afuera”), la formación de alianzas inconcebibles
en el escenario anterior, etc.
Cuando se presenta una oportunidad de cambio, inevitable y afortunadamente
“tiembla” la cosmovisión compartida hasta ese momento, los supuestos se
relativizan, los paradigmas se cuestionan... Llega el tiempo de las
incertidumbres, de construir nuevos códigos, el momento de...“adaptarse”?
Creemos que la “adaptación” es un proceso que se construye todos los días, un
devenir cuyo punto de partida es de lo único que podemos dar cuenta, pero no de
su punto de llegada. No es un relato sobre un nuevo origen a la manera del mito,
sino un trayecto, un proyecto (en tanto lanzado hacia el futuro) que presenta
marchas y contramarchas, propias del camino de la evolución.
¿Cómo podemos intervenir
desde las áreas de RRHH para acompañar a nuestra gente en esta travesía? ¿Por
dónde empezamos: por nosotros, por la línea o trabajamos con todos al mismo
tiempo? Comunicamos mucho, poco, sólo una parte, sólo a algunos? ¿Lo hacemos con
nuestros recursos internos o pedimos ayuda externa?
Estas y otras preguntas son
simplemente el comienzo de una reflexión profunda que no debería estar ausente
cuando hablamos seriamente de procesos de cambio.
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