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Con sólo 32 años, Alejandro Bohn
recibió la oferta de su vida: trasladarse, esposa e hijos incluidos, hasta la
casa matriz de la gigante de productos de consumo Unilever en Londres. El joven
chileno, que trabajaba para la sede de la angloholandesa en Santiago, aceptó sin
dudarlo, apostando a hacer carrera en la capital inglesa. Tan bien le fue que,
cuatro años después una nueva oferta de viaje tocó su puerta. Esta vez el
destino era México, donde Unilever atravesaba una severa crisis.
La oferta incluía el aterrizaje de Bohn en la
vicepresidencia de Finanzas, un sillón sideralmente más encumbrado que el que
pensó podría alcanzar en sus inicios. Su paso de tres años por México incluyó
todo lo necesario para trasformar a un profesional promisorio en un ejecutivo
experimentado: desde diseñar operaciones de venta de activos, fusiones,
lanzamientos de productos a ajustes de personal. “Implementamos un cambio
radical”, dice. La intervención dio resultado. Unilever México incrementó sus
ventas desde US$ 500 millones hasta US$ 1.300 millones.
No obstante, el mayor obstáculo en la
ascendente carrera de Bohn ocurrió después de la estadía en México, cuando quiso
volver con su familia a su ciudad natal. La compañía cerró la conversación con
un No. “Pensé que Unilever querría retenerme con un buen cargo en Santiago”,
dice.
“Pero la verdad es que no tenían qué hacer conmigo
ahí”. Bohn fue víctima de una mal planificada repatriación, uno de los problemas
que están socavando la vieja tradición de las empresas multinacionales de mover
ejecutivos de un país a otro. “El expatriado crece en el extranjero, pero la
vacante en el país de origen ya fue llenada”, dice Ricardo Bäker, de la
consultora en recursos humanos Korn/Ferry, en Buenos Aires. Según la
investigación “Políticas de expatriación y repatriación en multinacionales”,
realizada por el académico Sandalio Gómez, del IESE Business School en España,
el 91% de los ejecutivos no sabe qué hará una vez que regrese a su país de
origen. Y, peor, el 82% de las empresas no planifica el regreso de los
ejecutivos sino hasta que ya han retornado. Esta incertidumbre está provocando
un complejo problema de selección adversa. “La precariedad del regreso es un
incentivo perverso que invita a salir a los menos promisorios”, dice Gómez, del
IESE. Durante la investigación, el académico descubrió que el 82% de las
empresas cree que sus ejecutivos se niegan a partir porque quedarán al margen de
la evolución de la matriz.
Su estudio, que analizó las experiencias de 18 compañías multinacionales en
diferentes regiones, incluida América Latina, concluyó que la práctica de
internacionalizar ejecutivos tiene en la repatriación, desde la perspectiva de
los propios involucrados, su fase más compleja. Resolverlo no es tan simple,
porque un buen ejecutivo se habitúa a determinados beneficios, no sólo
económicos, sino sociales –como prestigio– y profesionales –como autonomía y
responsabilidad–. Perderlos por una repatriación mal planeada se traduce, en
ocasiones, en un golpe difícil de asimilar. “No comprenden cómo no se les
recompensa o no se aprovechan los conocimientos que han adquirido”, dice Gómez.
“Les da la impresión de que no saben bien qué hacer con ellos”.
Una experiencia similar le tocó protagonizar a Fabián Bielli. Hace tres años
estaba sentado en el sillón de la Gerencia Comercial de una compañía de
tecnología japonesa en Argentina –que prefiere no revelar– cuando sus jefes le
propusieron expatriarse. Hizo las maletas y tras un breve paso por Brasil, fue
destinado a México como director de negocios. Hace poco tiempo Fabián cayó en la
cuenta de que su retorno a Buenos Aires no era un asunto sencillo. “En la
compañía querían que continuara en otro país”, dice. Y la razón no guardaba
mayores misterios: “si volvía tendría que haber llegado como director de toda la
operación Argentina, pero ése es un cargo reservado sólo para japoneses”.
Decidió cambiar de empleo, y aunque aún no ha regresado a su país, al menos
logró permanecer radicado en México.
TALENTO DISPONIBLE
Pero los ejecutivos no son los únicos a los que se
les está haciendo más difícil el proceso de expatriación. Las empresas
latinoamericanas tambiénacional son cada vez más discutibles, mientras que las
dificultades se multiplican”, dice John Byrne, director en Chile de Boyden, una
firma de cazatalentos con base en Nueva York. Una de las más importantes razones
para esto es la existencia de una importante masa de profesionales formados en
escuelas de negocios de Estados Unidos y Europa disponibles por toda América
Latina. “Hay talento local de muy buena calidad y muy competitivo”, dice José
Luis Daly, presidente de Korn/Ferry en Perú. Una opinión similar tiene su colega
Bäker, de Korn/Ferry en Argentina. “Un ejecutivo internacional puede llegar a
costarle a su empleador hasta tres veces lo que un profesional local con talento
y experiencia equivalentes”, dice.
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