|
En mayo próximo, el mexicano Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (Ipade), inicia la primera versión de su programa de Alta Dirección en Innovación y Tecnología (ADIT). A través de él, esta prestigiosa business school latinoamericana busca crear conciencia en torno al rol de la innovación para obtener mayores rentabilidades.
El director de ADIT, Jesús Martínez y Ronquillo, conversó con la periodista de AméricaEconomía.com, Daniela Cid, sobre la importancia que juega el desarrollo tecnológico en la generación de compañías más rentables y competitivas.
En las compañías altamente competitivas, los ejecutivos del área comercial saben tanto de ciencia y tecnología como los científicos que están en el laboratorio y viceversa. ¿Es este el objetivo del programa de Alta Dirección en Innovación y Tecnología?
La realidad que conozco está muy lejos de esta afirmación porque es muy difícil que un profesional de la comercialización sepa tanto de lo técnico como el profesional que está haciendo investigación.
Lo que sí puedo asegurar es que para crear el programa ADIT, recorrimos 80 escuelas de negocios en EE.UU., Europa y Asia con el fin de investigar qué es lo que enseñan a los empresarios en estos lugares y por qué nos están ganando la partida.
Nuestra conclusión preliminar es que el director no tiene por que saber tanto o más de lo que sabe cada uno de los profesionales a su cargo. Lo que sí debe tener claro es cuál es el punto hacia donde estos diferentes conocimientos convergen. Dicho en sencillo, debe saber qué es lo que hace que uno más uno sume más que dos. Puede sonar muy de educación primaria esta idea, pero esa es precisamente la diferencia entre un director que tiene a su cargo capataces y un director que sabe sacar lo mejor a los demás.
¿Y es el perfil hacia el que se dirige el programa?
El programa está dirigido a ejecutivos que tengan el puesto de director general, de presidente o empresario en compañías en donde incluso cuando el producto no sea tecnología, exista conciencia de que la innovación es clave para obtener mayor rentabilidad.
Lo que perseguimos es que gente de diferentes perfiles y de diversos sectores de la economía participe y se sensibilice sobre la necesidad de innovar. Nuestro objetivo es que los participantes en el programa puedan transmitir estas ideas a los responsables directos de desarrollo tecnológico en las empresas e impulsar la inversión en esta área.
¿No es un contrasentido una propuesta de este tipo si se considera que Latinoamérica no se caracteriza por su énfasis en innovación tecnológica?
En Ipade creemos que nadie podría saber hacer mejor las cosas que los trabajadores al interior de las organizaciones. Los empresarios latinoamericanos deben estar conscientes, por esta misma razón, de que sus empleados tienen la capacidad de crear soluciones nuevas y necesitan el impulso y la confianza para desarrollarlas y mejorar su trabajo.
Muchos podrán pensar cómo es posible que una universidad, desde fuera de la contingencia, pueda ayudar a encontrar soluciones a problemas que, obviamente, se conocen mejor dentro de las organizaciones. Sin embargo, es esto precisamente lo que necesitamos en América Latina. Que nuestros cerebros aporten a las empresas de la región y que no se vayan a trabajar a EE.UU. o Europa, donde les ofrezcan mayores garantías para su carrera.
Para ello es importante lograr que los altos directores y los empresarios que están trabajando en el mundo real, donde se vive del corto plazo y de los dividendos, aprendan a comunicarse con los investigadores que publican su trabajos y que están en los laboratorios durante años buscando nuevo material. Sólo así se podrán desarrollar productos nuevos que sean rentables.
¿Qué pasa con la resistencia al cambio? ¿También se contempla en los contenidos del programa?
Es un tema muy interesante y se incluye en un módulo especial del curso que tiene que ver con las personas. Porque nuestra postura es que de nada sirven los sistemas, los materiales avanzados o el software si no hay personas que los sepan aprovechar y, efectivamente, la resistencia al cambio viene dada por no querer salir del área de confort.
Sin embargo, creemos que la innovación y la tecnología no se empieza a aplicar en las empresas de un día para otro. De hecho, para que la tecnología se vuelva una ventaja competitiva, tiene que ser incorporada paulatinamente en las empresas y volverse parte natural y cotidiana de la operación de cualquier negocio.
Se dice que los desarrollos tecnológicos cambian, además, la forma en que compiten las empresas ¿Por qué ocurre esto?
Porque al modificarse la forma en que funcionan las organizaciones, también se modifica la estructura del mercado. Cuando hay una innovación, la capacidad para fijar las comisiones del mercado cambia y una de las pruebas más recientes de ello es que, por ejemplo, en Estados Unidos, las empresas más rentables ya no son las que fabrican productos caros con eficientes procesos de elaboración, como ocurría antes con los automóviles, por ejemplo.
Porque no es lo tangible lo que aporta valor, sino lo que está detrás y que no podemos ver porque es un desarrollo intelectual que hace que las cosas cuesten más y que la gente esté dispuesta a pagar por ellas.
A pesar de ello, la brecha entre profesionales de la administración y de la innovación tecnológica aún es grande en la región...
Desafortunadamente se trata de dos disciplinas desconectadas. En México, por ejemplo, tenemos dos grandes problemas en este ámbito. El primero es que los empresarios no tienen el mismo lenguaje que los científicos, los ingenieros o los médicos que se desempeñan en el campo de la investigación y no existe una comunicación fluida que permita capitalizar los inventos y hacer los negocios.
El segundo es que estamos al menos 10 años atrasados en innovación tecnológica con respecto a los países ricos. En ellos, tanto universidades como gobierno y empresas ya saben ponerse de acuerdo para adoptar modelos de colaboración que permitan sacar provecho de la tecnología de manera tal, que todos pongan algo de su parte y todos ganen.
Lamentablemente, tanto en México como en muchos lugares de América Latina, el 50% de las ventas de muchas empresas es gracias a productos viejos y, como es sabido, aunque estos se vendan en muchas unidades son los productos nuevos los que realmente generan utilidades.
¿Y cómo se puede avanzar en esta dirección?
Un caso muy claro es el de una empresa mexicana que se dedica a fabricar dulces de tamarindo. El tamarindo tiene una cáscara que, cuando es procesada para hacer el producto, se convierte en desperdicio. Pero a través de la innovación tecnológica, esta empresa logró transformar esta cáscara en pegamento y conseguir que, de costo, pasara a ser un producto con una rentabilidad adicional y ganancias cinco veces mayores que las del dulce de tamarindo.
Esto es sólo un ejemplo de cómo si se juntan los que tienen ideas con los que tienen mercado y dinero, se puede hacer algo en beneficio de todos. Por lo demás, es un hecho que para competir a futuro hay que aplicar más tecnología e innovación y esto se demuestra claramente en el hecho de que ya no podamos competir en costos con los países asiáticos. Entonces ahora el razonamiento tiene que ser: ‘vamos a hacer algo que cueste más y por lo que nos paguen mejor’.
|