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Por Arly Faundes Berkhoff y María Jesús Rioseco
En mayo, el mexicano José Milke, gerente general de la empresa de huevo deshidratado Ovoplus del Centro, pasó una semana en The Chinese University of Hong Kong (TCUHK). Allí compartió clases con 77 alumnos del programa OneMBA que desde 2002 imparten en conjunto esa escuela, la University of North Carolina at Chapel Hill, la Fundação Getúlio Vargas, Erasmus University Rotterdam y la Egade del Tec de Monterrey, donde Milke es alumno. “Más que el asiático, fue el enfoque global del MBA lo que me atrajo”, dice. “Sin embargo, me abrió los ojos por la posibilidad de hacer negocios en China a mediano y largo plazo”.
No muchos pueden decir lo mismo: el OneMBA es una de las pocas maestrías latinoamericanas en que sus alumnos pueden conocer China. Para que este programa desembarcara en Hong Kong fue clave la influencia de las escuelas de Estados Unidos y Europa, dueñas de intercambios con Asia más fluidos que América Latina. Con una duración de 21 meses, OneMBA tiene cursos locales donde los alumnos analizan las fortalezas y oportunidades de su región y cursos globales donde realizan proyectos con estudiantes de las demás escuelas y hacen cuatro visitas anuales a cada una de ellas, como ocurrió en Hong Kong.
También la brasileña Business School São Paulo ha estrechado lazos con el continente asiático. A través del programa Omnium Global Executive MBA, participa con la University of St. Gallen, University of Toronto y City University of Hong Kong para que sus alumnos realicen distintos módulos en cada una de estas instituciones.
Pero la tendencia histórica entre las escuelas de negocios latinoamericanas ha sido aliarse con sus pares estadounidenses y europeos sin voltear hacia China. ¿Razones? “En general, las empresas tienen poca conexión con Asia, a excepción de Japón”, dice Iván Vera, socio de la consultora IGT-Invertec, en Santiago. “Y quien compra un MBA es un profesional que quiere prepararse en función de lo que percibe como la demanda de las empresas”.
Con firmas latinoamericanas pensando en Asia, las escuelas de negocios deberían seguir esa dirección a mediano plazo. Pero quizá sea conveniente acelerar el paso. Los MBA tradicionales ya son commodities y lo mismo ocurrirá con la oferta en Asia. Para más, Europa y EE.UU. han vuelto a llegar primero allí, pues comprendieron más rápido que un nuevo mercado es valor y una ayuda para evitar que los diferenciales entre escuelas se acerquen a cero.
Sin embargo, algunas escuelas regionales, como la peruana Esan, tienen proyectos en el Lejano Oriente. Este año, Esan reemplazó su viaje de estudios anual a EE.UU. por uno de 10 días a Beijing y Shangai en septiembre. “En este viaje, [los alumnos] podrán validar sus planes de negocios, que serán sus tesis de grado, y recogerán información del mercado para constatar su viabilidad”, dice Luis Piazzon, director del Programa Magister de Esan, en Lima. Esan ha agregado a esto intercambios con profesores japoneses y la organización de un congreso internacional llamado “China, ventana de oportunidades”, a fines de septiembre, en la capital peruana.
Algo similar tiene la Facultad de Economía y Administración de la Universidad de São Paulo (USP) con el seminario “Los Fines de Semana de China”, al que desde hace tres años invita a exponer a empresas y organizaciones comerciales chinas. A partir de 2005, su MBA Ejecutivo Internacional aumentará los vínculos con Asia usando su alianza con la Sun Yat-San University, que permitirá visitar por 10 días universidades y empresas de China. “Nuestro foco es conocer las instituciones, su cultura y experiencias de empresas que se establecieron en ese país”, dice James Wright, coordinador del MBA Ejecutivo Internacional de USP.
LA LARGA MARCHA. En el pasado era incluso más difícil. En la USP, por ejemplo, alumnos de MBA como el brasileño hijo de japoneses Wilson Arikita, hoy director para Asia de la alimenticia Sadia, recién conocieron el continente cuando sus empresas abrieron operaciones allí. Él recuerda que cuando hizo su MBA en USP, en 2000, existían “ganas” de tratar con más profundidad el tema asiático. “Pero no la realización de esas ganas”, dice.
¿Y por qué hay tanta demora? Según Rebecca Arkarder, coordinadora de Relaciones Internacionales de Coppead-Rio de Janeiro, distancias y costos son todavía grandes obstáculos para los programas de intercambio de estudiantes y profesores, la forma clásica de iniciar colaboraciones interuniversitarios. De hecho, recién en 2005 Coppead tendrá un módulo en Shangai a través del programa Global Partners MBA y en colaboración con la Robinson School (Georgia State University, Atlanta) y la universidad parisina de la Sorbonne.
Por supuesto, no todo es distancia y dinero. Más crítica aún parece ser la falta de interés por China que todavía se divisa entre los ejecutivos. Antes de iniciar programas allí, la brasileña Fundação Dom Cabral auscultó el interés de 3.000 ex alumnos, pero sólo 300 de ellos reconocieron la importancia del país y apenas 15 dijeron estar dispuestos a ir a estudiar. Por ello, Dom Cabral postergó hasta febrero próximo su programa de tres días en Shangai en sociedad con la francesa Insead. En marzo, algunos alumnos también podrán participar por dos semanas del MBA que British Columbia University imparte allí para ejecutivos chinos y canadienses. “Hoy existe la conciencia de vender en Asia, pero no de competir”, dice Carlos Arruda, director de Desarrollo y Finanzas de Fundação Dom Cabral. “Aun así debemos estar atentos al crecimiento de sus empresas, futuras aliadas y fuerte competencia para las latinoamericanas”.
El asunto es que demasiados proyectos siguen en papel. La escuela de MBA de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) tiene acuerdos con escuelas de negocios como TCUHK y la China-Europe International Business School y halló estudiantes con voluntad de cursar en Asia motivados por la actividad del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec, por sus siglas en inglés). “Recientemente realizamos reuniones con los agregados culturales de Japón, Corea y China para fomentar estos acuerdos y buscar financiamiento recíproco para que los intercambios operen exitosamente”, dice Ana María Bravo, subdirectora de MBA de la PUC.
Pero siempre hay un pero: hasta hoy, ningún alumno de la PUC ha pisado Asia. ¿Conclusión? Es un mantra viejo, pero si América Latina no reacciona habrá pagado otra vez con anticipación el boleto para el vagón de cola.
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