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En una conferencia, el rector de una universidad particular, comentaba al claustro
de sus profesores que por años en el primer mundo se había evaluado a las instituciones
de educación superior con base en los "inputs", es decir, en los "suministros"
de entrada para el proceso educativo, como número de volúmenes en bibliotecas,
grados académicos del profesorado, instalaciones, computadoras, nivel de aptitudes
de los alumnos de nuevo ingreso, etc.
Sin embargo, decía este rector, sin que se descarte seguir tomando en consideración
lo anterior, ahora se ha caído en la cuenta que es más importante medir los
"outputs", o sea, los "productos" de salida, lo que aporta finalmente a la sociedad
la universidad con sus egresados y con la labor que realiza. En ello está la
importancia de la evaluación y seguimiento de los egresados, cuáles son las
valores, habilidades y conocimientos que se requieren en ellos y los que realmente
se han logrado formar. Pero, señaló, no se deben olvidar los procesos que se
realizan para lograr el objetivo final y que requieren una organización distinta
de la universidad para que se centre en lo que hace respecto al estudiante y
no sobre lo que son las carreras.
Esta anécdota sirve para reflexionar sobre el camino que nos hace falta recorrer
en la educación superior en nuestro país, pues por una parte apenas existen
acciones destinadas a que nuestras casas de estudio de nivel superior cuenten
con ciertos indicadores de calidad, y causa todavía conflicto hablar de evaluación
a las instituciones, especialmente si ésta es externa.
Se puede comenzar a examinar la situación de la educación superior en México
por su insuficiente cobertura, apenas el 17.7% de la población en edad de cursarla,
mientras que naciones como Argentina, Chile y Uruguay cuentan con una tasa de
cobertura del 36.2 %, 28.2% y 29.4% por ciento, respectivamente.
Asimismo, las diferencias de la educación superior se observan en el índice
de cobertura, ya que mientras en entidades como el Distrito Federal, Tamaulipas,
Nayarit y Nuevo León, el índice de cobertura alcanza el 25 por ciento, en otras
como el Estado de México, Guanajuato, Oaxaca, San Luis Potosí, Veracruz y Zacatecas
apenas llega al 15 por ciento.
La eficiencia terminal es muy baja, de acuerdo con datos de la ANUIES y la
Dirección General de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública (SEP),
como un promedio nacional, de 100 alumnos que ingresan a licenciatura, 60 terminan
las materias del plan de estudios cinco años después y de éstos, 20 se reciben.
De los que se reciben, sólo el 10 por ciento lo hace a edades de 24 o 25 años,
y el resto lo hace entre los 27 y los 60 años, por lo que las instituciones
han reconocido que aún persisten problemas en los procedimientos de titulación.
Mientras que en Aguascalientes la eficiencia terminal de licenciatura es de
91 por ciento, en Yucatán del 61 y en Hidalgo del 62, es del 15 al 18 por ciento
en Baja California Sur, Sinaloa, Oaxaca y Quintana Roo. La eficiencia terminal
en las universidades privadas en su conjunto es de 67.1%, de acuerdo a un estudio
del Instituto de Ingeniería.
La ANUIES reporta que debido a la falta de centros de educación superior la
migración de estudiantes que ingresan a licenciatura en instituciones ubicadas
en algún estado distinto al de su lugar de origen continúa en aumento. Las desigualdades
en el territorio nacional se observan en el número de instituciones de educación
superior que tiene cada uno de los estados, ya que si bien en el Distrito Federal
existen 185 unidades académicas, en Puebla 146 y en el Estado de México 123,
en el otro extremo se encuentran estados como Nayarit con 13, Baja California
Sur con 11 y Colima con 10 centros de educación superior. Esto nos revela la
insuficiencia y centralización de la oferta educativa.
El
gigantismo de algunas universidades se ilustra en la comparación entre
las
poblaciones estudiantiles de las mexicanas con las de otros países.
| Universidades
Mexicanas |
Universidades
Extranjeras |
| UNAM: 261,441alumnos
|
Harvard: 6,704
alumnos |
| IPN: 172,469
alumnos |
MIT: 4,372
alumnos |
| U.de Guadalajara:146,810
alumnos |
Yale: 5,440
alumnos |
| U.A. de Nuevo
León: 100,136 alumnos |
Princeton:
4,752 alumnos |
| U.A. de Sinaloa:
84,162 alumnos |
Stanford:
7,146 alumnos |
| U.A. de Guerrero:
59,973 alumnos |
Oxford: 20,386alumnos |
| U.A. de Puebla:
40,093 alumnos |
Cambridge:
19,822 alumnos |
| U.A. de Tamaulipas:
31,282 alumnos |
Sorbona: 30,782
alumnos |
En el sistema de educación superior existen cuatro desviaciones que según la
SEP es urgente corregir: el excesivo tamaño de las universidades mexicanas;
la falta de vínculo de éstas con su entorno; la ausencia de compromiso mutuo
entre instituciones y estudiantes; y los bajos estándares de calidad del sector
académico.
Cuadro de Indicadores
Básicos de Educación Superior
| Concepto |
1999
|
| Matrícula
de licenciatura |
1,837,884 |
| Cobertura
de la población de 20 - 24 años |
17.7% |
| Titulación
|
39% |
| Número de
profesores |
192,406 |
| Profesores
de tiempo completo |
29% |
| Profesores
de medio tiempo |
8.9% |
| Profesores
por horas |
61.7% |
| Profesores
de tiempo completo sin posgrado |
61.7% |
Las universidades públicas han sufrido un cambio después de los años 70 en
que el paradigma era la universidad de masas, con el que se dañó la calidad
académica y las universidades adoptaron papeles que no les correspondían, como
de partidos políticos o agencias del desarrollo.
Fuente: ANUIES
La Educación Superior en el Siglo XXI
Después del estudio hecho por Coombs y el de la OCDE se propuso un programa
de modernización que ha permitido avances para impulsar varios aspectos, la
preocupación por la calidad académica: la preparación de los docentes, la evaluación
sistemática, la vinculación con la sociedad y el sector productivo, la vinculación
de la enseñanza con la investigación. Y aunque ha habido avances existen renglones
en que todavía se requiere hacer mejoras:
- Calidad deficiente.
- Falta de vinculación con la sociedad y con el aparato productivo.
- Formación de docentes insuficiente.
- Inadecuación de planes de estudio.
- Concentración de la matrícula en pocas carreras.
- Oferta equivocada de carreras.
- Falta de una formación práctica.
- Instalaciones y empleo de tecnología educativa.
- Carencia de una formación integral y sobre todo ética.
- Apenas 7% de los estudiantes de licenciatura acceden a un posgrado.
En los últimos cinco años, las universidades públicas han profundizado los
procesos de evaluación internos y externos para mejorar la calidad de sus planes
y programas de estudio, el ingreso y egreso de sus estudiantes y los métodos
para integrar sus plantas de académicos.
Debe hacerse un esfuerzo mayúsculo en dos sentidos: crecimiento, para que las
instituciones de educación superior atiendan una mayor proporción de jóvenes;
y de diversificación: la expansión futura no puede reproducir las pautas de
crecimiento del pasado.
Se requiere innovar permanentemente contenidos y métodos didácticos, pero también
modificar la organización de las universidades y la manera en que éstas se relacionan
con la sociedad. Especial atención merece el fortalecimiento de la investigación,
de la difusión cultural, y la extensión universitaria.
Se tendrá que vencer diversas resistencias de los actores académicos, estudiantiles
y sindicales, y para ello contar con mecanismos de participación que permitan
lograr el consenso y el respaldo a las reformas. El eje fundamental será la
formación integral de maestros y estudiantes, para lo cual se tendrán que implementar
estrategias de superación académica. Se deberá hacer uso de las modernas tecnologías
de información y comunicación; y de las modalidades de educación abierta y a
distancia de alta calidad.
Además del mejoramiento de las condiciones de laboratorios, talleres, equipos
computacionales y biblioteca, las instituciones de educación superior públicas
requerirán de reglas claras para la asignación del presupuesto, para que ya
no existan las instituciones privilegiadas por razones políticas; pero en cuanto
al financiamiento, se necesita llegar a consensos para determinar en que medida
el estado y los particulares deben participar para cubrir el costo de la educación.
No se debe dejar de lado el estudio de alternativas como la del subsidio vía
la demanda con instrumentos como el "bono educativo", que pueden constituir
un estímulo adicional al mejoramiento de la calidad y a la mejor administración
de los recursos.
La normatividad debe será el medio indispensable para un mejor aprovechamiento
de los recursos y su uso transparente, sin soslayar el rendimiento de cuentas
a la sociedad.
La universidad en el mundo ha perdido el monopolio de la enseñanza superior
y de la investigación. Si las instituciones de educación superior de nuestro
país no quieren quedar marginadas de la misión que les corresponde tienen que
buscar ser más productivas, estar enfocadas en las áreas en que pueden ser más
exitosas y trabajar duro por una mayor calidad. La universidad debe enseñar
a aprender, proporcionar cultura general y formar personas íntegras y emprendedoras.
La universidad puede y debe aprovechar las tecnologías para la difusión de la
información para hacer que todo ciudadano tenga acceso al conocimiento, a la
oportunidad de desarrollar su capacidad de pensamiento, de creatividad y de
producción.
Finalmente, la universidad (pública o privada) debe estar a la altura de los
tiempos para ofrecernos la sabiduría que oriente las decisiones de la nación.
*Artículo publicado en la revista Entorno.
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