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Estudiantes y jóvenes profesionales


LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN MÉXICO Volver al listado
Causa todavía conflicto hablar de evaluación a las instituciones, especialmente si ésta es externa.

Por Arturo Damm Arnal

En una conferencia, el rector de una universidad particular, comentaba al claustro de sus profesores que por años en el primer mundo se había evaluado a las instituciones de educación superior con base en los "inputs", es decir, en los "suministros" de entrada para el proceso educativo, como número de volúmenes en bibliotecas, grados académicos del profesorado, instalaciones, computadoras, nivel de aptitudes de los alumnos de nuevo ingreso, etc.

Sin embargo, decía este rector, sin que se descarte seguir tomando en consideración lo anterior, ahora se ha caído en la cuenta que es más importante medir los "outputs", o sea, los "productos" de salida, lo que aporta finalmente a la sociedad la universidad con sus egresados y con la labor que realiza. En ello está la importancia de la evaluación y seguimiento de los egresados, cuáles son las valores, habilidades y conocimientos que se requieren en ellos y los que realmente se han logrado formar. Pero, señaló, no se deben olvidar los procesos que se realizan para lograr el objetivo final y que requieren una organización distinta de la universidad para que se centre en lo que hace respecto al estudiante y no sobre lo que son las carreras.

Esta anécdota sirve para reflexionar sobre el camino que nos hace falta recorrer en la educación superior en nuestro país, pues por una parte apenas existen acciones destinadas a que nuestras casas de estudio de nivel superior cuenten con ciertos indicadores de calidad, y causa todavía conflicto hablar de evaluación a las instituciones, especialmente si ésta es externa.

Se puede comenzar a examinar la situación de la educación superior en México por su insuficiente cobertura, apenas el 17.7% de la población en edad de cursarla, mientras que naciones como Argentina, Chile y Uruguay cuentan con una tasa de cobertura del 36.2 %, 28.2% y 29.4% por ciento, respectivamente.

Asimismo, las diferencias de la educación superior se observan en el índice de cobertura, ya que mientras en entidades como el Distrito Federal, Tamaulipas, Nayarit y Nuevo León, el índice de cobertura alcanza el 25 por ciento, en otras como el Estado de México, Guanajuato, Oaxaca, San Luis Potosí, Veracruz y Zacatecas apenas llega al 15 por ciento.

La eficiencia terminal es muy baja, de acuerdo con datos de la ANUIES y la Dirección General de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública (SEP), como un promedio nacional, de 100 alumnos que ingresan a licenciatura, 60 terminan las materias del plan de estudios cinco años después y de éstos, 20 se reciben. De los que se reciben, sólo el 10 por ciento lo hace a edades de 24 o 25 años, y el resto lo hace entre los 27 y los 60 años, por lo que las instituciones han reconocido que aún persisten problemas en los procedimientos de titulación.

Mientras que en Aguascalientes la eficiencia terminal de licenciatura es de 91 por ciento, en Yucatán del 61 y en Hidalgo del 62, es del 15 al 18 por ciento en Baja California Sur, Sinaloa, Oaxaca y Quintana Roo. La eficiencia terminal en las universidades privadas en su conjunto es de 67.1%, de acuerdo a un estudio del Instituto de Ingeniería.

La ANUIES reporta que debido a la falta de centros de educación superior la migración de estudiantes que ingresan a licenciatura en instituciones ubicadas en algún estado distinto al de su lugar de origen continúa en aumento. Las desigualdades en el territorio nacional se observan en el número de instituciones de educación superior que tiene cada uno de los estados, ya que si bien en el Distrito Federal existen 185 unidades académicas, en Puebla 146 y en el Estado de México 123, en el otro extremo se encuentran estados como Nayarit con 13, Baja California Sur con 11 y Colima con 10 centros de educación superior. Esto nos revela la insuficiencia y centralización de la oferta educativa.

El gigantismo de algunas universidades se ilustra en la comparación entre

las poblaciones estudiantiles de las mexicanas con las de otros países.

 

Universidades Mexicanas Universidades Extranjeras
UNAM: 261,441alumnos Harvard: 6,704 alumnos
IPN: 172,469 alumnos MIT: 4,372 alumnos
U.de Guadalajara:146,810 alumnos Yale: 5,440 alumnos
U.A. de Nuevo León: 100,136 alumnos Princeton: 4,752 alumnos
U.A. de Sinaloa: 84,162 alumnos Stanford: 7,146 alumnos
U.A. de Guerrero: 59,973 alumnos Oxford: 20,386alumnos
U.A. de Puebla: 40,093 alumnos Cambridge: 19,822 alumnos
U.A. de Tamaulipas: 31,282 alumnos Sorbona: 30,782 alumnos

En el sistema de educación superior existen cuatro desviaciones que según la SEP es urgente corregir: el excesivo tamaño de las universidades mexicanas; la falta de vínculo de éstas con su entorno; la ausencia de compromiso mutuo entre instituciones y estudiantes; y los bajos estándares de calidad del sector académico.

Cuadro de Indicadores Básicos de Educación Superior

Concepto 1999
Matrícula de licenciatura 1,837,884
Cobertura de la población de 20 - 24 años 17.7%
Titulación 39%
Número de profesores 192,406
Profesores de tiempo completo 29%
Profesores de medio tiempo 8.9%
Profesores por horas 61.7%
Profesores de tiempo completo sin posgrado 61.7%

Las universidades públicas han sufrido un cambio después de los años 70 en que el paradigma era la universidad de masas, con el que se dañó la calidad académica y las universidades adoptaron papeles que no les correspondían, como de partidos políticos o agencias del desarrollo.

Fuente: ANUIES La Educación Superior en el Siglo XXI

Después del estudio hecho por Coombs y el de la OCDE se propuso un programa de modernización que ha permitido avances para impulsar varios aspectos, la preocupación por la calidad académica: la preparación de los docentes, la evaluación sistemática, la vinculación con la sociedad y el sector productivo, la vinculación de la enseñanza con la investigación. Y aunque ha habido avances existen renglones en que todavía se requiere hacer mejoras:

  • Calidad deficiente.
  • Falta de vinculación con la sociedad y con el aparato productivo.
  • Formación de docentes insuficiente.
  • Inadecuación de planes de estudio.
  • Concentración de la matrícula en pocas carreras.
  • Oferta equivocada de carreras.
  • Falta de una formación práctica.
  • Instalaciones y empleo de tecnología educativa.
  • Carencia de una formación integral y sobre todo ética.
  • Apenas 7% de los estudiantes de licenciatura acceden a un posgrado.

En los últimos cinco años, las universidades públicas han profundizado los procesos de evaluación internos y externos para mejorar la calidad de sus planes y programas de estudio, el ingreso y egreso de sus estudiantes y los métodos para integrar sus plantas de académicos.

Debe hacerse un esfuerzo mayúsculo en dos sentidos: crecimiento, para que las instituciones de educación superior atiendan una mayor proporción de jóvenes; y de diversificación: la expansión futura no puede reproducir las pautas de crecimiento del pasado.

Se requiere innovar permanentemente contenidos y métodos didácticos, pero también modificar la organización de las universidades y la manera en que éstas se relacionan con la sociedad. Especial atención merece el fortalecimiento de la investigación, de la difusión cultural, y la extensión universitaria.

Se tendrá que vencer diversas resistencias de los actores académicos, estudiantiles y sindicales, y para ello contar con mecanismos de participación que permitan lograr el consenso y el respaldo a las reformas. El eje fundamental será la formación integral de maestros y estudiantes, para lo cual se tendrán que implementar estrategias de superación académica. Se deberá hacer uso de las modernas tecnologías de información y comunicación; y de las modalidades de educación abierta y a distancia de alta calidad.

Además del mejoramiento de las condiciones de laboratorios, talleres, equipos computacionales y biblioteca, las instituciones de educación superior públicas requerirán de reglas claras para la asignación del presupuesto, para que ya no existan las instituciones privilegiadas por razones políticas; pero en cuanto al financiamiento, se necesita llegar a consensos para determinar en que medida el estado y los particulares deben participar para cubrir el costo de la educación. No se debe dejar de lado el estudio de alternativas como la del subsidio vía la demanda con instrumentos como el "bono educativo", que pueden constituir un estímulo adicional al mejoramiento de la calidad y a la mejor administración de los recursos.

La normatividad debe será el medio indispensable para un mejor aprovechamiento de los recursos y su uso transparente, sin soslayar el rendimiento de cuentas a la sociedad.

La universidad en el mundo ha perdido el monopolio de la enseñanza superior y de la investigación. Si las instituciones de educación superior de nuestro país no quieren quedar marginadas de la misión que les corresponde tienen que buscar ser más productivas, estar enfocadas en las áreas en que pueden ser más exitosas y trabajar duro por una mayor calidad. La universidad debe enseñar a aprender, proporcionar cultura general y formar personas íntegras y emprendedoras. La universidad puede y debe aprovechar las tecnologías para la difusión de la información para hacer que todo ciudadano tenga acceso al conocimiento, a la oportunidad de desarrollar su capacidad de pensamiento, de creatividad y de producción.

Finalmente, la universidad (pública o privada) debe estar a la altura de los tiempos para ofrecernos la sabiduría que oriente las decisiones de la nación.

*Artículo publicado en la revista Entorno.

 
 
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