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No sé con exactitud qué es lo que se
necesita para ser un CEO exitoso, pero de algo estoy seguro: se debe de
requerir menos para ser un ejecutivo exitoso que lo que se necesita para
ser un científico exitoso.
Los negocios son muy simples; las
personas que intentan hacerlos complejos sólo consiguen salir heridas. La gente
siempre sobrestima la complejidad de los negocios. No es una ciencia
aeroespacial. Hemos elegido una de las profesiones más simples del mundo. La
mayor parte de las empresas globales tienen tres o cuatro competidores críticos,
y se sabe quiénes son y no hay muchas cosas que pueda hacer con un negocio. No
es como si eligiera entre dos mil opciones.
Yo opero con una creencia muy simple:
si hay seis de nosotros en un cuarto y todos contamos con idénticos hechos, en
la mayor parte de los casos llegaremos a la misma conclusión. El problema es
que no tenemos la misma información; cada uno consigue diferentes piezas. Los
negocios no son enredados, las complicaciones surgen cuando la gente carece de
la información que necesita.
La importancia de un buen equipo de
trabajo
Ahora, dicho esto, es obvio que un buen
líder se rodea de gente valiosa. Si hay una clave, es ésa: equipos
grandiosos compuestos por gente grandiosa. Así no hay nadie que pueda frenarte.
Una vez que está la gente, todo se puede. Aunque haya una buena idea, sin gente
no sirve para nada.
Yo divido a las personas en una
organización en tres grupos. El 20 por ciento superior, son las personas
excelentes, a las cuales recompenso. El 70 por ciento, ubicado en el medio, son
las personas a las que entusiasmo para que formen parte del 20 por ciento
superior, porque creo que tienen el potencial. El 10 por ciento inferior, son
las que no quiero que sigan estando en la organización y debo despedirlas.
Siempre hay que tener alguien para
sustituirlo. Si sólo una persona es la única que puede realizar algo dentro de
una organización, uno queda secuestrado, a merced de esa persona. Por esto yo
solía tener dos o tres reemplazos para las personas claves. Uno siempre debe
pensar en el próximo movimiento. Da lo mismo el tamaño de la empresa, nadie
puede ser insustituible. Por eso muy importante recordarles a los empleados
que son valiosos, felicitarlos cuando hacen las cosas bien. Ellos deben saberlo
en el alma y en el bolsillo.
La motivación
Los líderes, los altos ejecutivos,
los CEOs deben motivar continuamente a su equipo de trabajo. Existen numerosas
maneras de hacerlo, pero fundamentalmente emocionando a los demás con sus ideas
y creando un espíritu de éxito. Es muy importante celebrar continuamente,
incluso convertir las pequeñas victorias en grandes y dar recompensas.
Un buen director, también debe
impregnar de realidad a sus subordinados. Realidad quiere decir que todos los
miembros de la empresa vean el mundo como es y no como lo desean. Una afirmación
tan simple pero no tan fácil de llevar a la práctica.
El líder debe transmitir actitud,
con una atmósfera que les permita ver las cosas como son, enfrentar las
situaciones reales y no como desearían que fueran. El arte de dirigir se reduce
a algo simple: determinar y enfrentar la realidad acerca de la gente,
situaciones, productos; y luego actuar con decisión y rapidez en esa realidad.
La mayor parte de los errores que
hemos cometido han ocurrido por no estar dispuestos a enfrentarlos, viéndolos
directamente en el espejo de la realidad, y luego tomando la acción correcta.
De eso se trata la administración: definir y actuar. No confiar, no esperar el
siguiente plan. No pensarlo dos veces, Ponerse a hacerlo. Hacerlo. Definirlo y
hacerlo.
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